Vacaciones
Es necesario descansar para una mantener una buena salud
¡Ansiadas vacaciones! Por fin llegó el bien merecido y esperado descanso. Por lo general, no nos damos cuenta de lo rápido que pasa este tiempo y tampoco tomamos real conciencia de lo necesario que es para nuestro organismo. Por eso, en este espacio te damos algunas sugerencias para que recuperes tus energías lejos de la rutina diaria.
En primer lugar y pensando especialmente en los trabajólicos es que hacemos hincapié en cuan importante es que nos tomemos los días de descanso que nos corresponden.
Recordemos que no en vano es que desde tiempos remotos se ha establecido el concepto de descanso. De hecho, en el Génesis de la Biblia aparece que el día domingo debe destinarse al reposo. Y ello no es gratuito, ya que está comprobado que el organismo, tanto desde el punto de vista físico como emocional, requiere de unos días de reposo.
De lo contrario, las consecuencias no demoran mucho aparecer. El estrés puede invadirnos con facilidad y aunque este mal no se percibe con facilidad, existen muchos síntomas físicos que lo delatan. Algunos de ellos son estados de fatiga, ataques al cólon, gastroenteritis, frecuentes dolores de cabeza, insomnio o hipersomnio, falta de energías, desgano, irritabilidad, cansancio y vulnerabilidad, por sólo nombrar algunos.
Según nos explica el sicólogo Giorgio Agostini padecimientos graves como la hepatitis, enfermedades cardiovasculares e incluso el cáncer pueden ser producidas por el este estado de ansiedad y cansancio. El estrés opera afectando al sistema inmunológico, lo que significa una baja en el sistema de las defensas que da paso para que diversos males se apoderen de nuestro organismo.
"Hay muchas personas que no se permiten tomar vacaciones, sin embargo su cuerpo les juega "tan malas pasadas", producto de un cansancio extremo, que al final, si se suman todas las ausencias por enfermedades en el año terminan siendo equivalentes a unas buenas semanas de derecho a vacaciones", comenta Agostini.
Vacaciones de verdad
La necesidad del descanso es vital, pero tampoco se trata de pasar todas las vacaciones acostado durmiendo, sino que el ideal implica la suspensión temporal de una actividad para ser reemplazada por otra. Es decir, sustituir las tareas que hacemos en forma cotidiana por iniciativas que nos produzcan placer, agrado, relajo y satisfacción.
Agostini enfatiza en que, "lo más importante es que las actividades que se escojan sean motivantes para la persona que está de vacaciones". En palabras simples, la idea es hacer todo aquello que uno a lo largo del año quiere realizar pero que por falta de tiempo no hace. Leer un buen libro, pasear, dormir sin poner el despertador, hacer deporte, cocinar, ordenar, juntarse con los amigos, vitrinear, caminar, ir al cine, ver televisión, jugar cartas, etc.
Las opciones de vacaciones pueden ser muy diversas y dependen de las posibilidades que se tengan. Sin embargo, se deben cuidar los siguientes factores: dormir lo suficiente (es la mejor manera de reponerse), alimentarse de manera equilibrada (ojalá cuatro veces al día), tratar de cambiar de entorno, hacer alguna actividad física y permitirse el ocio sin cargo de conciencia por no estar haciendo algo "productivo".
"Las alternativas para reposar y pasarlo bien son muy personales, por ello lo más importante es respetar los propios intereses y gustos que nos dejan una sensación de relajo y placer", destaca el profesional.
Tiempo necesario
El profesional estima que en tres semanas el tiempo ideal para lograr un óptimo grado de desconexión. En ese lapso se puede dar un buen ciclo de descanso y preparación para la nueva temporada de trabajo.
Los primeros días corresponden a la etapa denominada como “disestrés”, período de acomodo en el que la persona recién comienza a dejar de lado sus preocupaciones y comienza a percibir internamente que está de vacaciones.
Esto dura alrededor de siete días y algunos consejos útiles para que este tiempo demore menos y se haga más fácil el desvincularse de las labores cotidianas son evitar las llamadas al lugar de trabajo para saber si todo está en orden, tomar conciencia de que se goza de un tiempo muy anhelado durante el año y permitirse la delegación de responsabilidades al saber que se va a estar ausente.
Algo que ayuda mucho en este último aspecto, en especial a quiénes les cuesta derivar tareas, es dar inicio a ese ejercicio unas semanas antes de partir de vacaciones. O sea, comenzar a capacitar a quién será el encargado de reemplazarnos y dejar todas las funciones bien claras.
Recién en la segunda semana suele venir el verdadero descanso. Es ahí cuando ya deberíamos estar desvinculados y las nuevas actividades serían el centro de nuestras “preocupaciones”. La sensación de goce, de placer y de alegría deberían apoderarse de nuestros espíritus y el trabajo parecería algo lejano y distante.
Agostini se inclina por el período de tres semanas porque por lo general en los últimos días antes de tener que volver al trabajo se abre paso un período de “preparación del regreso”. La persona empieza a pensar en la “cuenta regresiva” y comienza la etapa en que volvemos a pensar en nuestro regreso a la vida laboral. Pese a que esto es normal y hasta necesario para no entrar tan de golpe, interrumpe el proceso reparador del descanso. Por eso, se hace necesaria la tercera semana, para que dicho proceso de relajo se cumpla en plenitud.
¡A descansar se ha dicho!